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miércoles, 15 de febrero de 2017

Constelaciones zodiacales visibles en febrero y marzo: Tauro

Estrellas de una noche de verano… que toca a su fin.
Brevísimo manual de observación nocturna del cielo.
Hemisferio sur (-33°)

Constelaciones zodiacales visibles en febrero y marzo:
Tauro
Relativamente fácil de distinguir es la constelación Toro o Tauro. Una estrella color naranja, llamada Aldebarán, es su principal luz y representa el ojo colérico de la bestia mitológica.

Tauro resume en una figura dos historias griegas. 
La primera: la personificación elegida por Zeus para seducir a Pasifae; la segunda: el Minotauro o Toro de Creta, encerrado por el rey Minos en un laberinto construido por Dédalo –Minotauro es el monstruoso hijo nacido del adulterio cometido por la reina Pasifae con el supremo Zeus. Hay muchas versiones de esta leyenda y todas son interesantes pero a mi criterio el drama Los Reyes, escrito por Cortazar, es, lejos, la mejor.

Por casualidad, vivimos en una época en la que el asterismo que forman las Tres Marías en el Cinturón de Orión sirve de guía para dar con varios astros. Si partimos de la recta que forman:

Hacia el E, daremos con Aldebarán, color naranja, la estrella ojo del Toro;

Hacia el este, destaca Sirio, blanca, la estrella Perro en la constelación Can Mayor;

Hacia el sur (arriba) brilla Rigel, gigante azul, el pie de Orión.

Hacia el Norte (abajo) toparemos con Betelgeuse, gigante roja, el hombro de Orión.

Entonces, para hallar Aldebarán y por ende con el centro de Tauro hay que continuar con la vista -hacia el oeste- la recta imaginaria creada por las estrellas Alnitak, Alnilam, Mintaka, que forman el cinturón de Orión (nombradas de E a O).

Por sobre Aldebarán –y al oeste- veremos unas pocas luces que pronto se multiplican si utilizamos binoculares o telescopio a muy bajos aumentos. Son las Híades, las Llovedoras.

Dentro del cúmulo Híades hay numerosos asterismos, dobles y cadenas de estrellas muy agradables de ver. Este cúmulo abierto es magnífico y enseñorea junto a la estrella mencionada, una gigante naranja, sita a 60 años luz de casa.

Veamos unas cartas generadas con el programa libre Stellarium de la región, sin coordenadas y con grida ecuatorial, la cual explicaré enseguida.


La palabra cúmulo proviene del árabe y significa montón. Los hay abiertos o galácticos y cerrados en función de su densidad estelar; existe una categoría llamada cúmulos globulares, pero su origen quizá sea diverso y los trataré más adelante.

El color de las estrellas indica la temperatura de sus capas externas (en la mayoría de los casos). Pronto hablaremos de ello.

Los aumentos provistos por la combinación de lentes* y el campo de visión, dependen de una función inversa. *o espejos y lentes

El campo bajo visión se escribe por convención con siglas inglesas: FOV.

Continúo con la observación propuesta:

Al oeste y al norte (abajo y a la izquierda) de las Hyades veremos a simple vista un montoncito de estrellas, usual conocidas como las siete cabritas. Estas son las famosas Pléyades o palomas, un cúmulo abierto tan hermoso como el que más. Las pléyades han servido para la elaboración de una osada teoría. En una caverna de España hay un techo pintado. Los trazos tal vez tengan 30.000 años. Hay allí toros y otros bichos de la época y los antiguos científicos pensaban que su dibujo aduce a animismos y otras yerbas, siempre menoscabos de la capacidad ajena. Pero un toro magnífico, con dos grandes cuernos, tiene un montículo pintado arriba y a la derecha. Parecen un número de abejas o algo así. Cuando a la cueva entró un aficionado a la astronomía, dijo: esto no es animismo, amigos, ¡esto es un calendario!

Puntos de vista y su implicancia generacional:

Al referir a la observación que hacemos desde casa dije abajo y a la izquierda, y al hablar de la cueva en la península ibérica dije arriba y a la derecha. No olvidemos que las constelaciones zodiacales se ven invertidas desde ambos hemisferios. Lo mismo pasó cuando dije el pie de Orión, Rigel, arriba de las tres marías. Visto el guerrero desde el hemisferio norte, el pie luce abajo del cinto, como debe ser para un observador boreal.

Esta oposición visual entre los mediomundos (hemisferios) no solo atañe a la verticalidad de las figuras, sino que alcanza a su sentido. Para los amerindios, las estrellas que dibujan a Orión, el Guerrero, el cazador, en el mejor de los casos, forman un telar donde los dioses tejen un poncho para abrigo de los hombres. Fíjese el contraste, en el norte vieron un guerrero, un matador de hombres, en el sur vimos a unos dioses cautos que velan por sus hombres, tejen en verano para abrigarles durante el invierno. No hay registro de dioses tan bienaventurados. Sobre estos pobres indios cayó la furia del dios cristiano, instaurador de la tortura y la culpa.

Para los aficionados que ya quieran hilar más fino, Tauro esconde riquezas en luz y sombra.

Hay dos cúmulos bellos entre las astas del Bicho y al menos una nebulosa notoria bajo el cuerno sur (y este es su nombre babilonio, aunque no lo sabía, al escribirlo): zeta tauri, una doble* eclipsante muy instructiva, ya hablaremos de ella.

La nebulosa de marras es nada menos que el Cangrejo, un remanente de supernova. En catálogos o sistemas de búsqueda automatizada (go-to) figura como M1, es decir el primer objeto del catálogo Messier. Las nebulosas que se forman por el colapso de estrellas –en este caso denominadas supernova, pero hay otras, llamadas nebulosa planetaria, donde la expansión gaseosa es menos abrupta- están formadas por los átomos, plasmas, gases que otrora dieron masa al sol que explotara. En el caso de M1 se sabe por registros de astrónomos chinos y árabes que el evento sucedió en el año 1054. Las nebulosas remanente hoy deben ser buscadas con saña pues se han expandido -y al hacerlo, enfriado-, es decir, ya no radian con ímpetu suficiente como para ser visibles desde nuestra distancia. Mas, al momento de explotar, una supernova puede disminuir su magnitud (aumentar su brillo aparente) varias veces, haciéndose notorias en un segundo allí donde nada se veía. Hay registros de supernova que fueron visibles durante semanas en el cielo diurno, incluso.


Continuará.

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