Qué es proyecto sagitario?

Cursos de Iniciación a la astronomía.

Didáctica astronómica. Talleres de Ciencia.

Charlas, cursos, campamentos, observaciones grupales.

sábado, 20 de mayo de 2017

¡No me hablen del átomo, esta es una clase de física!

¡No me hablen del átomo, 
esta es una clase de física!



Por increíble que les parezca, escuché esta arenga desde la puerta entreabierta de una clase en un colegio secundario. El docente, sin solución de continuidad -como decía mi abuela María-, y como para explicar su postura, acotó:

“Al átomo lo tratan en físico-química; esto es clase de física; acá hablamos de velocidades, de tiempos, de espacios…”

No estaba fisgoneando cuando escuché tamaño dislate del orador. Había acudido a ofrecer una clase de astronomía y me dirigía en busca del director por un pasillo central cuando escuché el título de esta nota. Se imaginarán ustedes, pacientes y queridas lectoras / lectores de estos temas de… ¿astronomía, física, acaso físico-química? el modo en que me detuve, patitieso. Hubiera querido ver la expresión de mi cara, casi tanto como la cara de un buen amigo que me socorriera, entonces. No hubo tal a mi lado. Sólo, debí capear el momento. Pero helado estaba y allí me quedé, sin poder mover un pie. Solo mi cabeza, vuelta hacia la abertura que cedía la puerta, me permitió ver el interior del salón.

Si pude ver al docente lo olvidé, como se olvidan los malos momentos cuando somos felices. Recuerdo, sí, a los y las jóvenes sentadas al azar –o bajo el secreto orden de los clanes, que solo podría conocer si fuera parte de ellos. Ninguno miraba al frente, hacia el maestro. Todos se aplicaban a algo: leían, unos; escribían, otros; muchos escuchaban radio a través de sus celulares con audífonos; charlaban entre sí los menos.

Pensé, dios mío, cuánto quisiera que me preguntaran más por el átomo, esa ambivalencia inventada por los griegos a base de simples deducciones lógicas (acaso la mejor defensa en favor de los átomos se encuentra en el cuento el Libro de Arena, de Borges, donde se especula y teme dar a las llamas a un libro de infinitas hojas –es decir, de continua materia (las hojas) siempre divisibles en una parte más- ¡cuyo arder bien podría incinerar al mundo!); los átomos, decía, despreciados y erradicados del pensar antiguo por tipos de la calaña de Platón, quien mandó quemar cuanto libro se hallara de Demócrito; los átomos, digo, creados en el siglo IV AC y despreciados por Aristóteles, el “Filósofo”, como lo llamaban, quien asentó por un milenio esa tontería de los cuatro elementos, más el empíreo y la materia sutil, el éter, que bien duró hasta entrados los años 20 del siglo pasado.

Pensé, cuánto me gusta hablar sobre el átomo, sobre los diversos conceptos que le dieron consistencia, sobre los genios que pudieron acotarlo; sobre aquellos que le dieron forma, peso, densidad, carga y varias propiedades más, las cuales ignoro. Y los otros genios, los que, por avanzar, retrocedieron, y nos dieron otra vez un mundo sin partículas ni certezas, sino poblado de ondas y azar.

¿Será parte de mi estupidez que me atraen las aulas aitas de gentes, ávidas por saber, como compruebo cada vez que puedo, cuando comparto una charla o taller -gratuito y abierto- en cualquier lado?

¿Será mi estolidez la que me hace amar cada pregunta como una oportunidad invaluable de hablar sobre ciencia, saberes, filosofías, conceptos, posibilidades?

Sé que hay en mí una impaciencia que nace en mi creencia acerca de que me esfuerzo en hacer bien las cosas, que trato de atraer gentes hacia las ciencias, en especial hacia la astronomía –y no es así, son infinitos mis errores.

Si envidio a los colegas docentes y a los estudiados profesionales es porque están allí, viven entre las paredes de un colegio, entre esas mentes sanas, jóvenes, capaces de comprenderlo todo, en especial aquello que a mí se me escapa.

En Santa fe la escuela va bastante bien, creo. Modifica sus taras y lastres de a poco. Pero persisten docentes como este, capaces de hacer que un alumno acalle sus urgencias, sus curiosidades, su intelectualidad acerca del mundo.

Por último, espero poder encontrar al Sarmiento de marras y recordarle que, antes que nada -antes que nada y desde los libros de Epicuro-, bien sabemos que, si algo posee un átomo, es movimiento, espacio y tiempo.

El Carpintero

         El carpintero

En un pueblito del valle vivía un carpintero. En su vejez quedó solo y los días se le hacían eternos. De joven fabricó las camas de los novios, las mesas de las familias y los juguetes de los niños. Trompos multicolores, barquitos a vela, muñecos que abrían y cerraban los ojos cuando los alzaban o los acostaban en sus cunitas de juguete… cunitas que él también les fabricara. Estos niños fueron felices con los juguetes pero, ahora, adultos, no recordaban esos regalos y si se cruzaban al viejo en la plaza a veces ni lo saludaban.

Una tarde de otoño, en el crepúsculo, en esa misma plaza, el viejo carpintero se sentó de cara a la fuente. Como estaba frío, metió las manos en los bolsillos raídos de su mameluco. Encontró una moneda, la última que le quedaba. La miró y miró la fuente. Se paró y la apretó fuerte. Cerró los ojos y la lanzó. Esta brilló fugaz antes de hundirse con un sonido.

Luego, el viejo se volvió y retomó el camino a su casa. Iba muy despacio. Las primeras estrellas le guiñaban con su destello y los pájaros se acurrucaban en los nidos. De lejos, notó algo raro. Habías luz en las ventanas y se escuchaba una música de acordes alegres. El viejo se detuvo. Primero se sobresaltó y luego, riendo, corrió. Había reconocido la canción. Era la misma canción que bailó la noche en que conoció a su novia; era la misma que cantó cada noche a sus hijos; era la canción de todos sus años felices.


Entró, y fue feliz por el entero resto de su vida.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Talleres de Astronomía en Colegios y Profesorado de Venado Tuerto.

Talleres de Astronomía en Colegios y Profesorado de Venado Tuerto

En Venado Tuerto tuve una de las actividades más fructíferas de mi vida como aficionado a la astronomía.
Gracias a dos Gracielas (toda la suerte del mundo para la primera de ellas, que pasa días de angustia, ojalá su cuerpo y su alma sean fuertes ahora como nunca; la segunda hizo lo suyo sin duda: organizó el evento para 3 colegios, no dejó nada al azar, su mano fue precisa e invaluable, gracias), gracias a ambas, decía, charlamos con alumnos de dos colegios sobre el Sol, su aspecto, su naturaleza; los razonamientos que nos han permitido saberlo; los relojes de sol, la gravedad, los antiguos astrónomos, las grandes doctoras en astronomía Argentinas... y luego observamos el astro por medio de tres telescopios provistos con los filtros acordes: dos Baader y un Ha. Esto de 10 a 12 horas.



Por la tarde, a las 1430 horas, compartimos con un segundo año, una actividad sobre geometría y astronomía, en especial triángulos, su esencia y magia intrínseca (trigonometría, bah). 
Así Medimos la distancia a los cielos, contamos historias de zigurats, hablamos de escritores amantes de compadritos, leímos un cuento, inventamos otros. 
Hint, Borges, Eratóstenes, Aristarco, Pitágoras... no dejamos a ninguno afuera. Por supuesto, repetimos las observaciones solares.




Pero a las 1830 horas nos encontramos con varios cursos del profesorado. Charlamos sobre la docencia y de la astronomía como recurso disparador y guía en el aula. Hicimos incapié en el señor Galileo y su revolucionario hacer, sobre las esferas y las estrellas mediceas, sobre coordenadas, cardinales, meridianos, sistemas solares, y varios temas más, que a la hora de hablar no hay corte. Cerramos esta actividad con una observación sobre Júpiter, Crux, Omega centauri, Sirio, Rigel kent, etc. etc.










domingo, 7 de mayo de 2017

El peón ausente.

El peón ausente.

Soy el portero más viejo del colegio.

No siempre hago lo que debiera. Me canso muy rápido, últimamente. Dejo a los jóvenes las tareas más duras, como baldear los pisos o acomodar los bancos para los actos y las reuniones. Me encargo de la cocina, hago mandados durante los que camino despacio y me ocupo bastante de la biblioteca. Siempre que puedo me escapo, a guardar los libros, a ordenar las sillas, a repasar los muebles. El director dice que lo único que brilla en esta escuela es esta estancia… y mi ausencia en el resto de la escuela.

Si mi vida hubiera sido distinta, hubiera querido estudiar, ser maestro o profesor. Poder leer y disfrutar tranquilo de todos estos libros. Casi no hay tema que no me interese. A veces escucho a una profe dar su clase y me digo, Uy, cómo me hubiera gustado ser profe de geografía… otras veces digo, Uy, cómo me gusta la filosofía… Pero de todos estos libros que leo, me quedo con los de ajedrez. No sé qué tiene el ajedrez pero siempre me gustó. Lo raro es que aunque me entusiasmara nunca lo haya jugado. Apenas si aprendí los movimientos, los lances que figuran en esos manuales de Capablanca, Panov y Grau.

Antes, hace unos años, en el colegio se hacían torneos. Los chicos participaban de unos encuentros en los cuales varones y mujeres batallaban por trofeos de plástico que parecían importantes. Las horas de clase que habrán dejado de lado por comerse unas piezas…

Siempre vi con envidia que los muchachos jugaran con las chicas con soltura. En mis años mozos, varones y mujeres no teníamos mayor trato. Cuando uno se acercaba a una chica era porque esta le gustaba y eso hacía cada situación un poco difícil… Esto me trae a la memoria lo que dijo un chico una noche en que perdió con una jovencita: Perdí por ser atento con una mujer… dijo. Qué ocurrencia.

Esos torneos surgieron como propuesta del centro de estudiantes. Cuando volvió la democracia muchos pibes –y grandes- creyeron que esta sería para siempre. Se hacían congresos y charlas y creían que había que recuperar y mantener la memoria. El Nunca Más. Pero la historia es un círculo, el décimo círculo del infierno, eso es la historia.

Los torneos de ajedrez eran fabulosos. Daba gusto verlos callados de una vez por todas, concentrados en la suerte de esas maderitas negras y marrones que de tanto en tanto se movían un cuadro o poco más. Pero una noche pasó lo que pasó. Y todo terminó.

Hoy nadie juega.

A veces, cuando ya todos se han ido del colegio, por recordar esos encuentros armo los tableros sobre las mesas y acomodo las piezas que quedan en sus lugares. Miro las sillas vacías, las piezas quietas, las casillas que denotan las ausencias de un peón o una torre…

Si se inventara la máquina de Morel habría que filmar los torneos. Eternamente veríamos a Kasparov barrer a sus contrincantes. Eternamente veríamos a nuestros chicos y chicas reír y jugar sus partidas, apartarse con un mohín el pelo largo de la cara, morder un chicle, sorber un mate, anunciar con algarabía su fugaz triunfo.

Los tableros quedan armados en la oscuridad y cuando vienen los porteros de la mañana tienen que guardarlos antes de las ocho. Sé que me putean por eso pero no me importa, mi edad me aparta de muchos dolores. Cundo uno envejece se aleja de las cosas y al mirar atrás solo repara en lo que de verdad pesa. Es como cuando se evalúa una posición, lo vemos todo pero solo reparamos en lo que creemos importante: una diagonal, una pieza centralizada, un peón desaparecido.

Sergio Galarza

Docente.

lunes, 24 de abril de 2017

La transdisciplinariedad y la globalización ¿eliminan las disciplinas?

Luis Bolilla Molina (1er punto)
Este pequeño texto se publica en atención a la invitación que me hicieran los colegas de SINAFUM, el portal “Otras Voces en Educación” y en especial los amigos Wilman Losada, Iliana Lo Priore, Marianicer Figueroa, María Magdalena Saurraute, Luz Palomino, Carlos Bracho, Alí Marcano y Rose Mary Hernández, para elaborar contribuciones sobre nudos problemáticos para las transformaciones de los sistemas educativos en el siglo XXI.  Le seguirán otros textos


Más de cien palabras, más de cien motivos, para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena.  Tenemos un as escondido en la manga, tenemos nostalgia, piedad, insolencia, monjas de Fellini, curas de Berlanga, veneno, resaca, perfume, violencia.  Tenemos un techo con libros y besos, tenemos el morbo, los celos, la sangre, tenemos la niebla metida en los huesos, tenemos el lujo de no tener hambre.  Tenemos talones de Aquiles sin fondos, ropa de domingo, ninguna bandera, nubes de verano, guerras de Macondo, setas en noviembre, fiebre de primavera. (Joaquín Sabina, Mas de 100 mentiras)

  1. Globalizar como aproximación a la totalidad desde la particularidad y, la comprensión de lo particular como expresión de la totalidad
Casi todos estamos de acuerdo respecto a la urgencia de incorporar la globalización a la actividad pedagógica. Y fíjense que digo globalizar la acción pedagógica y no solo globalizar contenidos ni currículo globalizado. Porque, desde la perspectiva docente, la primera recuperación de noción de conjunto en todo aprendizaje en el aula está asociado a la recuperación de la globalidad pedagógica, hoy fragmentada en sus componentes (currículo, didácticas, evaluación, gerencialismo, planeación).

Una autentica y revolucionaria reforma educativa se fundamenta en la recuperación de la pedagogía como ciencia o confluencia de ciencias, para el abordaje del hecho educativo, desde una perspectiva compleja, integral e interrelacionada.  Y la recuperación de la pedagogía conlleva en sí misma, la revaloración de la profesión docente y de la formación docente.  Pedagogías, docentes y formación docente son tres vértices de un proceso indisoluble de defensa de la educación pública.

Sin pedagogías no existe autentica profesión docente y los centros de formación de educadores dejarían de tener razón de existir.  Por ello, las reformas centradas en algunos de los componentes de las pedagogías, las ubicamos como funcionales al Apagón Pedagógico Global que hemos venido denunciando en los últimos tiempos.

Si analizamos -a escala internacional-  podemos verificar que la tendencia es a impulsar reformas educativas que se centran exclusivamente en lo curricular o en la gestión y, ahora en la llamada evaluación de la calidad educativa.   Cuando valoramos los resultados de estas reformas,  comprobamos que la mayoría devino en fracasos que profundizaron las políticas de destrucción de la escuela pública y, contribuyeron a reafirmar socialmente la falsa idea que los sistemas escolares públicos no sirven.

Por ello, sin ningún tipo de duda señalamos que el impulso de reformas educativas desde la unidimensionalidad curricular o de gestión, solo contribuyen a reafirmar la fragmentación educativa  y a la despedagogización de la actividad escolar. Resulta ingenuo políticamente y desafortunado técnicamente hablando, apelar al currículo como el centro de la actividad educativa obviando la centralidad pedagógica como eje vertebrador de la práctica educativa..

Desde nuestra perspectiva existe una dialéctica entre lo general y lo particular, que le es intrínseca a las pedagogías y sus componentes. Sólo desde esta mirada de sistemas complejos e interrelacionados podemos contribuir, desde la cotidianidad de lo educativo, a globalizar como aproximación a la totalidad desde la particularidad y, la comprensión de lo particular como expresión de la totalidad. De esta manera el todo resulta ser más que la suma de las partes de los procesos educativos  y, cada uno de los componentes de las pedagogías, se muestran esenciales para el cumplimiento de los propósitos de los otros, en la dinámica unificadora de la cotidianidad del plantel.

En esa orientación compleja, los sujetos del hecho educativo en el aula (maestros, estudiantes, representantes) y quienes coadyuvan a la actividad educativa, emergen como  autores/ejecutantes sincronizados   -desde distintos instrumentos musicales intercambiables-  de la hermosa partitura de la educación para todos y todas. En la lógica de esta misma metáfora, las pedagogías, dotan de ritmo, direccionalidad y capacidad de improvisación creativa integrada, a la acción educativa concreta.

La visón fragmentada y las políticas públicas que impulsan reformas centradas en uno solo de los componentes de las pedagogías, aún con el discurso de eje convergente del componente seleccionado, solo contribuyen a la creciente incomprensión de las dinámicas educativas por parte de sus actores fundamentales. Por ello, encontramos y entendemos, el despiste de trabajadores de la educación, cuando se les pretenden imponer reformas educativas, que a diferencia de los que hemos aprendido en la praxis del aula, señalan que el epicentro de la labor educativa esta o bien en lo evaluativo, o en lo curricular, o en la gestión, abandonando la visión integral que le es propia a las pedagogías.

Reafirmamos que en esta etapa, en la cual son evidentes los intentos de los organismos económicos globales orientados a la destrucción de la profesión docente y, con ella de la escuela pública y los sistemas escolares como los hemos conocido; recuperar las pedagogías como centro de la actividad educativa, resulta fundamental para garantizar la existencia de la escuela pública y la profesión docente.

Si bien los sistemas educativos deben estar en permanente transformación para acompañar o pararse críticamente respecto a los cambios económicos, políticos, tecnológicos y sociales, lo que distingue a una reforma que trabaja transformaciones que se asocian a proyectos emancipatorios, de las contrarreformas que destruyen las conquistas educativas fundacionales del derecho humano a la educación, insisto, es su posición respecto a la dinámica del modo de producción a escala planetaria y local.

En ese marco y desde ese lugar de enunciación, nos aproximamos y entendemos el debate abierto en muchas reformas educativas, respecto a las disciplinas, la interdisciplinariedad y la globalización en la cotidianidad del aula.

domingo, 5 de marzo de 2017

Los días de la semana y la ignorancia de los filósofos

Los días de la semana y la ignorancia de los filósofos

Hace unos días entré a una de mis librerías proveedoras,

Hola, Sergio, me dijo el dueño, y agregó

Llegó algo que puede interesarle…

-desde que mi cabello es blanco cada vez más gente me trata de usted; como a Bioy, me espanta que lo hagan las mujeres… ¡y las mujeres jóvenes!

El comerciante puso en mis manos Cosmos, de Michel Onfray. Ya había visto este título en la sección Astronomía de librerías Cúspide o El Ateneo, verdaderos dislates del ramo.

Sucede que el Cosmos de Onfray es un libro de filosofía epicúrea que muy poco tiene que ver con la ciencia o con su genial homónimo, escrito por Carl Sagan.

Había visto el libro mal ubicado y al hacerlo había sonreído con tristeza porque la cultura de occidente muestra su derrumbe en episodios como este: catalogan los libros por su título y no por su contenido. No me extrañaría ver un día de estos El Juguete Rabioso en los escaparates de jugueterías Popeye, aunque también podría verla al costo en las veterinarias, ahora que lo pienso.
Lo malo de sumar años es que con el tiempo no solo me acostumbro a la idiotez sino que, inane, dejo que me contamine. De modo que compré el Cosmos de Onfray y me di a su lectura.

Onfray es un rompepelotas. Un gran escritor. Un fortísimo pensador y feroz crítico de la sociedad en que vivimos. De Platón para acá, según él, todo está mal en el mundo. Me recuerda a Nietzsche, por supuesto, y él mismo se declara su seguidor, negador, superador. En el farrago de su prosa –muy buena, personal, como cabe a toda escritura de valor- menciona conocimientos astronómicos de la antigüedad. En el capítulo Permanencia del sol invicto, después de denunciar a una conocida religión como un remedo de paganos adoradores del sol, dice

“…el nombre de los días de la semana es el de los planetas…” 

Lo cual es cierto, si recordamos que Luna y Sol eran planetas para los babilonios, y sigue: 

“…ordenados en función de su distancia a la tierra…”

Lo cual es equivocado. El nombre de los días de la semana y su orden proviene de la lejana Babilonia. ¿Pudieron esos sacerdotes, hieráticos en sus altos zigurats, medir la distancia a los planetas?

Aristarco fue el primer hombre en estimar la distancia a un planeta, o, mejor dicho, a lo que en aquellos tiempos se conocía como planeta: el sol y la luna. Pero solo obtuvo proporciones relativas a sus tamaños aparentes y al hacerlo erró por varios ceros. Dice la leyenda que Eratostenes fue el primero en medir el volumen de la Tierra, y Eratostenes decía de sí que era Beta, pues Arquímedes le superaba en todo. La distancia a Venus o a Mercurio, estimada en base a trigonometría cuando su cuadratura, fue estimada por Copérnico en el siglo XVI (aunque este sabio publicó su saber en su lecho de muerte, por temor a las represalias de la Iglesia). El resto, aplicado el telescopio, fue fácil y se basó en paralajes (aunque este último método siempre se usó, y fue uno de los contratiempos del modelo geocéntrico, pues antes del teles no pudo medirse paralaje estelar… y aún después hubo que perfeccionar mucho las lentes y los métodos, ya que las estrellas están inimaginablemente lejos de casa).

Durante algunos meses, Mercurio es el tercer planeta en función a su distancia a la Tierra, pero ¿qué decir de Júpiter intercalado en la semana antes que el Sol?

Aún en los modelos geocéntricos como el de Tycho, Sol orbita a la Tierra detrás de Venus -por supuesto, Júpiter en realidad orbita al Sol a unas 5 UA, es decir 5 x 150.000.000km., y esta cifra, la unidad astronómica, es la distancia Tierra Sol.

Bien, Onfray será brillante como filósofo, no lo voy a cuestionar, pero partiré de su metedura de pata en lo astronómico para contar lo que leí hace muchos años, cuando la astronomía era para mí tan solo otro aspecto maravilloso de la literatura y no una forma de vida.

El libro donde aprendí esto fue de mi viejo; me lo regaló pocos días antes de morir:

Tomá, me dijo, vos harás mejor uso de él que yo.

Mi padre, amigos, amigas, sabía de todo. Solo no supo hacer por entero felices a los suyos en su compañía pero es algo que todo hijo comprende y perdona puesto que muchos seres humanos nos debatimos en un maelstrom, y así salen las cosas.

Escrito por Cecilia Payne, la primera científica en proponer la constitución química de las estrellas -aunque la historia guarda este privilegio para el que fuera su amigo, Arthur Eddington. Su tesis de doctorado fue elogiada como “indudablemente la tesis doctoral en Astronomía más brillante de la historia” -, Introducción a la astronomía es un deleite para el aficionado.

En él se lee algo como esto: se suponía que las horas del día estaban regidas por los dioses del cielo. Los babilonios no sabía su distancia a la Tierra pero sí conocían su periodo de traslación. Los dioses cumplen su periodo sidéreo en el orden que sigue:

Saturno, dios del tiempo;
Júpiter, dios del rayo;
Marte, dios de la guerra;
Sol, dios de la vida;
Venus, dios del amor carnal;
Mercurio, dios del comercio;
Luna, diosa de la maternidad.

Si ahora ordenamos el culto a ellos sobre un patrón de 24 horas tenemos:

Día primero:
Horas         1       2       3       4       5       6       7       8       9
Dioses       sat     jup    mar   sol    ven   mer   lun    sat     jup
Hs     10     11     12     13     14     15     16     17     18     19
Ds     mar   sol    ven   mer   lun    sat     jup    mar   sol    ven
Hs     20     21     22     23     24    
Ds     mer   lun    sat     jup    mar
Día segundo:
Hs                                                    1       2       3       4       5
Ds                                                    sol    ven   mer   lun    sat

Y acá se ve cómo una serie de 7 días distribuida sobre una de 24 horas produce un lógico desfasaje, el cual genera horas primas con diversos dioses para adorar. Si te tomás el trabajo de completar el orden, te quedará:

Día 1: Saturno;
día 2: Sol;
día 3: Luna;
día 4: Marte;
día 5: Mercurio;
día 6: Júpiter;
día 7: Venus.

Esta simple sucesión numérica la enseño a mis alumnos de quinto grado y se maravillan con ella. Saturno es 1, Sol es 2 y sigue como arriba se ve, luego:

24 horas divido en 7 dioses = 21 y resto 3.

De modo que en el día posterior al inicio, el dios rector de la primera hora será: 1 + 3 = 4 que equivale a Sol.

El dios rector del tercer día será: 4 + 3 = 7 que equivale a Luna… y así.


Una simpleza, una maravilla dictada por el cielo que todos observamos, cuantificado según el capricho numérico de los hombres de la hermosa Babilonia, la de los jardines. Ojalá Michel Onfray pudiera corregir su Cosmos para futuras ediciones.

jueves, 2 de marzo de 2017

El regalo de cumpleaños

El Eclipse, pequeño regalo del cielo para el cuarto cumpleaños de mi nieto Leónidas.

El pasado 26 de febrero, pese al desastre que asola nuestro país, merced a la enjundia del gobierno actual, sucedió en tiempo y forma el eclipse anular de sol.
Intenté ir al sur (a Camarones) para verlo en su magnitud, pero distintos sucesos me disuadieron. Aun así -y aún no sé por qué, ya que era el cumpleaños de mi nieto Leónidas- a último momento visitamos amigos y parientes en la ciudad mendocina de San Rafael.

Nos alojamos en una pequeña casita prefabricada, muy limpia y provista, y desde su veredita al este observamos y fotografiamos el evento.
La noche anterior, el cielo se mostró cubierto de nubes negras y los relámpagos preanunciaron lo que fue, una lluvia intensa en la madrugada.

El 26 Me desperté a las seis y salté de la cama; en el este lo negro era un bloque pero sobre las siete, con el fulgor del sol aun oculto, se vieron unos claros. El plan era movernos hacia el este, sobre la ruta Monte Coman - San Luís, pero ante lo visto estimamos que no sería necesario. En efecto, sobre las ocho el claro ya era amplio sobre la eclíptica. A las nueve cayó el Migue y, tras pedir encarecido permiso a la dueña del lugar, pudimos compartir unos mates con tostadas y dulce casero -de ciruelas- en la tensa espera del ocultamiento.

Para registro del eclipse dispusimos el telescopio LX90 de 203 mm, diafragma mediante, con la interposición de un filtro Baader de 90mm de diámetro. Sobre la carcasa del tubo montamos una guía y sobre ella el telescopio Coronado SolarMax de 40mm, f10. Este telescopio posee un filtro Ethalon y muestra detalles de fotosfera y cromosfera. En contadas ocasiones hemos podido ver prominencias y eyecciones que largo ingresan en la región coronal, aunque su temperatura es mucho menor que el plasma que le da sustancia a aquella.

Así dispuestos los equipos, montamos la cámara Canon sobre el Coronado y tomamos una serie de fotos en Ha. Con el filtro Baader sobre el catadióptrico alternamos en visual y en fotos con la cámara DSI y, luego, con la Canon.
Registramos momentos en que las nubes llegaron a oscurecer por completo al sol, pero estas fluían llevadas por el viento de modo que solo debíamos esperar a un abra para continuar.
Obtuvimos la serie completa, y pronto fuimos presurosos a la pc para tener noticia del evento en la latitud mayor. Vi imágenes magníficas logradas por conocidos y amigos que sin meandros se treparon hasta allá.

En todo momento pensé en mi nieto, en su cumpleaños, en los vericuetos de mi mente que me habían llevado tan lejos de su cumpleaños. Sé que él también observó el eclipse por medio de una caja provista con un filtro nro 14 de máscara de soldar.
Cuando volví, al cabo de horas que pasamos en la plaza, hamacándole, llevándolo por todo el pueblo de parque en parque, una vez que, exhaustos, compramos yogures y nos fuimos a llenar la panza, Leónidas me preguntó:

Abuelo, por qué no venías…


Porque fui a Mendoza, mentí.





Seres Luminosos


domingo, 26 de febrero de 2017

Eclipse, desde San Rafael, Mendoza.

Eclipse, desde San Rafael, Mendoza, con el Migue y la Moni. 
Cumpleaños de Leónidas.

Desde San Rafael pude tirar fotos durante el eclipse, estuvo nublado, llovió mucho la noche previa, abrió sobre las 7 el cielo, en el este, y luego pasaron nubes espesas toda la mañana.
Compartimos el evento con Miguel y Mónica, amigo y compañera, entre mates, patadas al trípode, desenfoques y otras yerbas.
En Chabás, mi nieto cumplió 4 soles.
Feliz cumple, Leónidas.