Qué es proyecto sagitario?

Cursos de Iniciación a la astronomía.

Didáctica astronómica. Talleres de Ciencia.

Charlas, cursos, campamentos, observaciones grupales.

sábado, 9 de junio de 2018

Taller de Astronomía de Chabás

Actividad del taller de Astronomía 
de la 
Comuna de Chabás
Observación de Júpiter en tránsito sobre Libra, rodeado de un rico campo de estrellas.
Alumnos y alumnas de 7, 8 y 9 años.












martes, 5 de junio de 2018

«Hay indicios de que la contaminación lumínica puede causar cáncer»

Emilio José Sánchez, catedrático de Fisiología Humana de la UC, asegura que «rompemos miles de años de evolución basados en el día y la noche y creemos que no hay consecuencias»


José Carlos Rojo

JOSÉ CARLOS ROJOSantander
Hace tiempo que quedó demostrado que dilatar la exposición a dispositivos electrónicos hasta altas horas de la noche puede producir trastornos del sueño, nerviosismo y ansiedad. Pero a medida que avanzan los estudios se demuestra que el impacto de la luz artificial en horas de oscuridad natural, en la noche, puede trastocar el reloj biológico hasta el punto de favorecer la proliferación de ciertos tipos de tumor. «Tiene su lógica. Si alteramos esos ritmos de día y noche, cambiamos el patrón de reproducción celular y ahí está la clave», destaca el catedrático de la Universidad de Cantabria Emilio José Sánchez (Valencia, 1949), autor del libro 'Hicimos la luz... y perdimos la noche', donde pone el foco sobre la multitud de enfermedades que desencadena la llamada polución luminosa.
-Lo correcto, entonces, es mantener la lógica del día y la noche.
-Hay muchos parámetros que han cambiado en estos 50 millones de años. El cambio climático, la disponibilidad de alimentos, la organización social, etc. Pero hay algo que permanece inmutable: el ciclo del día y la noche. Es lo que ha dado lugar a la aparición de diferentes tipos de animales, los diurnos y los crepusculares. Nosotros somos diurnos, tenemos actividad durante el día y disponemos de unos relojes biológicos que de alguna manera controlan eso.
«No es bueno permanecer hasta altas horas viendo la televisión, o pegados al móvil o la tableta»
-¿No tiene nada que ver con la cultura?
-Cuando nos levantamos, por las mañanas, la presión arterial sube. Es una respuesta que se produce una hora antes de levantarse. Un proceso automático. Digamos que el cuerpo tiene un plan de trabajo. Si todos los días vas a comer a las 15.00 horas, tienes el aparato digestivo preparado para eso.
-¿Ese reloj biológico está en el cerebro?
-Todos los órganos tienen un sistema dedicado a ello, pero el central, el jefe, que los coordina a todos, está en el hipotálamo. Se identificó hacia el 1750, pero no se le hizo mucho caso hasta los años sesenta. Lo descubrió un monje que comenzó a experimentar con una planta que abría sus pétalos por las mañanas y los cerraba durante la noche. Encerró la planta en un armario y contempló que mantenía el mecanismo. Para nosotros, el problema es que nos hemos regido por esa lógica del día y la noche durante miles de años y ahora, en menos de cien años, que es como un milisegundo en tiempo de evolución, hemos cambiado estas pautas con el descubrimiento de la electricidad.
-Y según dice tiene sus peligros...
-Lo notamos muy bien cuando sufrimos el jet lag. Eso nos sucede porque alteramos el reloj interno. Ahora a diario recibimos señales que son capaces de alterar nuestro reloj biológico. A esto lo llamamos 'cronodisrupción' y cada vez se demuestra con más datos que tiene consecuencias sobre nuestra salud.
-Habla incluso de cáncer...
-A largo plazo puede incidir en la aparición de cáncer de mama. Hasta tal punto de que en algunos países ha comenzado a considerarse enfermedad laboral. En Dinamarca, por ejemplo, hay mujeres a las que se les ha pensionado porque han desarrollado un cáncer de mama tras pasar un mínimo de 20 años trabajando en puestos donde estaban expuestas a luminosidad en la noche.
-¿Cómo se explica el desarrollo de esta enfermedad en estas condiciones?
-Faltan muchos estudios para concretar más la relación causa-efecto. Nosotros lo que hemos demostrado en nuestro departamento es que ratas con tumores de mama desarrollaban mucho más rápido el tumor si eran sometidas a polución luminosa. También hemos demostrado que para la misma ingesta de calorías desarrollaban más peso. Tiene una relación sencilla. Es ese reloj interno el que controla cuestiones tan importantes como el ciclo de reproducción celular. Tiene toda lógica.
-Ante esta situación sólo queda tomar precauciones.
-Lo más seguro es estar sometidos a luz natural cuanto más tiempo, mejor. Y respetar las noches. No es bueno permanecer hasta altas horas viendo la televisión, o pegados al móvil o la tableta. Esto puede inhibir la producción de melatonina y es el desencadenante del insomnio y estas otras afecciones que hemos hablado.
-También existen diferentes tipos de luz artificial. No es lo mismo el led que la bombilla tradicional.
-La luz azul es la más estimulante. Hay estudios que avanzan que lo idóneo es que las luces de los coches sean azules, porque mantienen la alerta. Sin embargo es precisamente la peor luz si queremos iluminar la noche. Investigadores de diferentes universidades están desarrollando filtros para cribar ese componente azul de la luz.
-Algunos móviles tienen un modo noche que sirve para reducir el brillo y cambiar el tono de la pantalla hacia el amarillo.
-Y hay programas de ordenador que también hacen lo mismo. El objetivo es filtrar ese componente de la luz.

viernes, 25 de mayo de 2018

miércoles, 23 de mayo de 2018

Un Reloj Solar para Merceditas

Taller de Astronomía en Máximo Paz
Escuela Merceditas de San Martín

Relojes solares

En Máximo Paz, provincia de Santa fe, se charló sobre la construcción de relojes solares con alumnos de dos escuelas locales. Fue un gusto estar nuevamente en la tierra de mi querido Hugo Navone.

La actividad fue posible gracias al Ministerio de Ciencias de la Provincia de Santa fe, ejemplo en Argentina de gestión.










sábado, 21 de abril de 2018

Historia de la niña que quería ver la Luna

Historia de la niña que quería ver la Luna


Había una vez una niña que amaba ver la Luna. 
Cada vez que salía a la noche, miraba el cielo y si no veía allí a la Luna, exclamaba,

Y la Luna, dónde está la Luna, yo quiero ver la Luna…

Estos desvelos pueden parecer nimios pero aquellos que  leímos El Principito bien sabemos que nada hay en el Universo más delicado que el alma de un niño.


Una mañana, la niña estaba en su patio con la cabeza gacha, fija la vista en su muñeca de trapo. Las muñecas de trapo son las Peponas de mi infancia, solo que las peponas se compran y las muñecas de trapo se fabrican con amor, trapo sobre trapo, zurcido sobre zurcido para encantar a nuestros hijos e hijas.

Esta Muñeca, a la cual le preguntó la niña por la luna, era grande, casi tan alta como ella, cuyo cuerpo, frágil y hermoso, tembló, al decir,

Pepo, ¿dónde… dónde está mi Luna?

Por supuesto, Pepona no contestó.



Una tarde soleada como la risa, la niña estaba en la escuela y preguntó,

¿Alguien sabe por qué la semana pasada vimos la Luna cerquita de la bandera y hoy no está?


Ninguno de sus compañeros supo contestar.



Una noche fresca de noviembre, los grandes organizaron una fiesta en un campo cercano. Un hombre de barba blanca vino con telescopios y cuentos viejos, y vecinos y amigos se reunieron en el casco de la estancia junto a unas araucarias a ver noche, estrellas y planetas. El hombre habló a todos de sus luces, sus soles, sus años y lejanías. Poco o nada de lo que dijo interesó a la niña que había acudido a la fiesta de la mano o el recuerdo de su padre.

La niña había visto a Luna en el horizonte uno o dos días atrás, casi a esa misma hora en que ahora trascurría la fiesta. Pero la Luna no estaba. Solo su ausencia, la oscuridad, el pobre brillo de las estrellas, ínfimo al lado del de la Luna.

Duelen los espacios llenos cuando se vacían. Esta es una verdad del cielo. Lo supo Dios y tal vez por eso llenó de astros el cosmos. Lo supo también la niña pues perdió más de una cosa que le pertenecía, que le daba vida, que aún extraña. Quizá por ello la niña sufre el no saber dónde está la Luna, cuándo sale, cuándo duerme.


El hombre de barba blanca habló de nubes y estrellas, habló de soles muertos y de nuevos soles que nacían ahora mismo, allí, dijo, sobre sus cabezas.

La niña miró arriba pero no vio nacimiento alguno.

La niña miró el vacío en el horizonte.

La niña pensó en su padre y miró al lado y solo vio el recuerdo, algo vago, una sonrisa que se desvanece, un calorcito, nomás. Y en seguida el fresco de la noche.


El hombre habla lejos. La fiesta continúa. Lejos habla la gente. Las estrellas son lejanas, dice el hombre; las araucarias son altas, piensa ella. Solo los murciélagos pasan rápido a su lado y se alzan y desaparecen en la misma noche que les da vida.


La niña siente el fresco de la noche y también siente el calorcito del recuerdo de eso que ama y que no está. Se toca el costado del vestido y siente el zurcido a la altura del pecho. Está zurcido, aunque su vestido es hermoso: el más lindo vestido de todos los que allí se ve.

La niña toca con sus dedos el zurcido y siente la noche y el recuerdo y del fondo de esa angustia reconoce unas palabras,

 La Luna… dice el hombre de barba blanca, retrasa en apariencia al paso de la Tierra, por ello demora su aparición sobre el horizonte, cada día un poco más.

La niña olvida su frío y su calor y ahora todo su cuerpo escucha esas voces que llegan de ahí nomás, tan cerca:

La Luna repite una fase cada 29 días, dice el hombre.

Es decir, cada 29 días, la Luna ha completado un círculo alrededor de la Tierra y muestra así una misma fase a los hombres y los niños que le observamos.

Pero, dice el hombre, y hace una pausa, un círculo equivale a 360 grados, y 360 grados, divididos 29 días, nos da 12 grados por cada día

Es decir, dice otra vez el hombre, que no cesa de repetir cosas, la Luna retrasa 12 grados para volver a aparecer sobre el horizonte, de un día para el otro,

Y agrega, si la Luna salió ayer a las 20 horas, hoy lo hará un poco más tarde… ¿cuánto más tarde? Pues exactamente el tiempo necesario para que la Tierra gire esos 12 grados, es decir, unos 50 minutos...

La niña siente que algo se mueve dentro de ella. Lo que se mueve -no lo sabe- es su entendimiento y, al moverse sus ideas o saberes unas se caen y otras se acomodan donde antes no. La niña ha escuchado bien clarito que la Luna no sé qué hace que atrasa casi 50 minutos cada día… ¡Por eso una mañana vio la Luna junto al mástil, a la hora de izar la bandera y al día siguiente ya no estaba! Porque en el día siguiente ¡la Luna demoró 50 minutos para trepar hasta allá arriba! Y a esa hora la niña estaba en su aula. No salió al recreo sino hasta una hora y media después cuando el día inundó de luz el cielo y ya no pudo ver la Luna, que allí estaba, sin embargo.

La niña sonríe y mira su relojito. Ayer vio la Luna surgir por el horizonte casi a las ocho de la noche, y ahora son las nueve menos cuarto.

La niña dice o grita, casi, señor, señor.

El hombre de barba busca la mirada de aquella voz y la encuentra.

La niña dice, señor, señor.

El hombre dice, qué, niña.

La niña dice, Entonces… la luna… dentro de muy pocos minutos…

Aparecerá por el horizonte, dice el hombre, ¡miremos allá!

Todos giran y observan el horizonte este y… sí, ya fulgura en la lejanía, tan cercana ahora, ya se anuncia algo luminoso que ha de asomar, muy pronto. Algunos exclaman, sí, sí, allá, y señalan con el brazo estirado.

La niña sonríe y el rostro se ilumina. La niña sabe ahora dónde está la Luna, cuándo vuelve, cuándo volverá a verla, cada día.

La niña sonríe de par en par y el hombre la mira y dice,


¡Qué lindo vestido… lindo como la estrella Betelgeuse!